domingo, 22 de junio de 2014

Glaréola Describiendo una Circunferencia.



Suma a este pecado con giba, otro fundido de cuerpos,
alevosía u hojilla de barbero que peina girasoles, en boda de bobas
luciérnagas nadando en pliegues unicelulares.
El glóbulo y el ancla, la pantorrilla de dientes para afuera,
glicerina de todas las bocas, medicina húmeda
que avivará el calor de otro pasamanos.
Ya que no cantan los sinsontes gimnásticos, no podrán nunca,
oye, nunca, acusarme que si del ghetto no salí,
o volví tarde a la cita con el globo terráqueo.
Dos húmeros, un tobillo fragmentado, clavícula o clavicordio,
ceremonia de glaucos amaneceres,
dulce gigoló enternecido en una boca, dormido a la sombra
de un sobaco de mujer.
Ya no creo en la llama de la jindama, ya no busco oro
por letanías, ni me hundo por mi propio peso,
descalzo no voy a misa.
Bufará en el termostato, el calefón y el rifle, la luna oirá
de espaldas al mar cómo arriba la ola presurosa, a la puerta
de tu gineceo, donde yo estaré, y tú estarás conmigo,
la giranta única, mi herida en el costado.
No faltará un beso en tu frente caliza, a través de tus venas
palparé tus hombros de mesopotámica,
tu curva secreta, donde el África guarda sus sílabas más preciadas,
y renaceré, como un globetrotter, una bujía,
un pedazo brillante de globulina fosforescente, náufrago
en orillas de un escalón pequeño.
De cubierta con nudillos al sol, a mil leguas de un ombligo,
punteando burbujas de oxigeno, quiera Dios,

olvidado para siempre. 

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