viernes, 2 de septiembre de 2016

CANTO



CANTO



¿Vio usted lo que es esto?, le digo que no hay quién me aguante semejante relajo de estrellas; ¡ay, por Dios!, bien me dijeron que uno está hecho del lugar en el que se mueve a sus anchas;
Yo por eso le digo:
Fíjese a mí, que cuando una caricia me esculca el alma, ay mamá, ¡toditito el costillar que me zumba y rezumba a marimba e´ chonta!; quién me va a calmar este caracoleo de palabras, por esternón mi cordillera, centro, oriente, y occidente, arriero que camina, sueño a machete, venite luna a vivir al patio conmigo, en el murmullo del platanal.
Es que me brota húmeda y profunda la verba, la bemba y el ritmo; agárrame, en farallones tus abrazos, barahúnda de guacamayos, tropel de pájaros y guacharacas, Virgen de las Lajas, en amarillos se me desvela el cielo del paladar; ¿quién me para?, teneme, teneme, negro;  
Oiga, sobrino, no más, este barranco luminoso de tardes entre amigos; relajo de chicha, que no me hable nadie del adverbio, aquí todo presente, y hasta la tristeza se baila:
Paso, tacón, punta, y sigo:
¡Sabor!
Bella brilla la paridera del horizonte ancho, anchísimo como lo que dura un suspiro en el valle del Sinú, o la risa de Raúl Gomez Jattin; gorda y caliente, desvelada en un bolero, en cualquier esquina de trompeta, va la luna, en el canto del pescador, en los rezos esclavos del palenque, libre como mi Pacífico, rojo, rojo, camarón altanero, Buenaventura es este desmadre de perlas en las bocas, aquí te siento Richie Ray.
Un 13 de agosto de 1999 nos quisieron asesinar la risa,
¡Ja, habrase visto! 
Póngame el río, con su coro de chicharras; corazón de mango biche, risita de grosella, suelta la brisa de un tambor, respiro, acordeón y desierto, tanta casa en el aire, mi niño, para este pique de pulsos; ya me voy llamando, ya me hago negro, mulato, cimarrón,
Me hago pulmón de papaya, rama de tamarindo, oleaje bravío, tanta historia resumida en mis manos, en estas líneas, uñas de páramo y papa, tengo cuero de tambor, tengo misterios bajo la ruana,
Pa´ contarte un río Atrato de verdes por esternón, poblado de voces, millar de historias, que me parta Omar Rayo si miento, todo fue llanto, y sangre licuándose en nuestros mejores anhelos,
Pero quién puede con raza semejante, ¿viste sementales prodigiosos así?
Centauros tricolores, melena dorada al viento, Aureliano Buen Día, cinco y nada aquella noche lejana, habrase visto próceres mejor dotados que estos.
Brindo en un suspiro de anís,
Canto de caña brava, sudor bendito de campeones ciclísticos, de poetas incendiarios, a plomo nos quisieron correr de la vida, pero nadie puede con esta irresponsabilidad de chirimías, farol y verbena, una reina pa´ cada uno; venite, María candela del Cabo de la Vela,
Me quemo, gozo de ron; vente a prender la alegría con su remilgue de muerte y su ajuar tejido de estrellas, vamos a espiar por el horizonte salado, las carabelas de Colón, que ya me voy haciendo indio, Kogui, Wayu, 65 lenguas te hablan de la selva encantada,
De un hombre delfín, de una hembra que ya me crece en sierpe, amazónica planta de este pie colorado;
Con el que te marco el ritmo, no me para la lengua; esto es el poema, labios de chontaduro; es así que se canta, sustantivado en un mar de siete colores, semilla rebelde,
Joropo, bambuco, currulao de socavón festivo, de duelo a carcajadas de yuca,
Yo te canto, culebrero luminoso, de cosas invisibles y de hojas secas, de guerras y mujeres, yo te traigo de primera mano, sudor de la Magdalena para los anémicos, adjetivos de guayaba con pepas y gusano, para las tardes de domingo, y hasta los gringos de piernitas flaacas y rosadas, imantados a la cadera de una negra telúrica;
De esto te vengo diciendo, de estas cosas que somos, mi hermano, pueblo verraco, oh, júbilo inmortal, esta paridera de trovadores,
El poema nunca se acaba, me paro, pero para pedir otra.   
    






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