Su silueta
se recorta a través del escote de la puerta
Perfumados
los adjetivos, los labios buscan sin interés una palabra
Que
la distraiga del tedio, entonces le digo:
Mira,
esto es una vértebra de ballena.
Las
ballenas son cetáceos de gran tamaño
Una
de ellas se tragó hace mucho a un hombre
El
pobre no tuvo más remedio que abrir una tienda de repuestos.
Ella
mira y dice: ¡Ah!
Cruza
las piernas, acaricia a la gata
Se
asoma por la ventana, observa el telón de edificios
Las
nubes atornilladas al aire y sobre las antenas de televisión
Ve
los balcones vecinos, la arquitectura francesa
La
fachada sucia, o quemada, o vieja, o empobrecida del cielo.
El
agua en potencia sobre los letreros luminosos de las pizzerías
Y
dice: ¡Ah!
Su cuerpo
y el tiempo suelen ir separados
Discreta
es la huella de su acontecimiento que deja todo patas arriba
Una y
otra podrían irse por el ascensor [de un momento a otro].
No
hay complicidad que llegue a retenerla
Calza
lo mismo que el olvido, cuántas coincidencias más serán necesarias
Al
final otro día ubicará las tres de la madrugada y volveremos a repetirnos.
Ojea
mis libros, busca páginas
Juega
a destripar una bombilla, esculca el pasillo, pierde tiempo en el techo
¡Ah!,
dice, la geometría, los paraguas
Es
tarde, hay tanto por hacer
Las horas,
las palabras, el después
Tanta
cosa cierta que hemos perdido, mero delirio epistémico
Solo
excusas para llevarme a la cama, nada más.
Entre
su cuerpo y lo que falta, el tiempo que se hace de ecos
La
piel se desvela y rabia, nada más, nada para recordar
Nada
a qué aferrarse, del paraíso nos queda la tortícolis
Tender
el hambre sobre cualquier objeto filoso
La
cuestión es cuando el rayo nos perfora y nos deja intactos
Y
debemos proporcionarnos así nuevas heridas.
***

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