miércoles, 1 de octubre de 2014

Virgilio Piñera




Ya se fue para el infierno, Virgilio Piñera.
Se fue quejándose de la luz
Del empapelado de las habitaciones y de los mozos de los hoteles.
Iba echando pestes de los tritones, en este mar de Miami:
¡Qué inglés ni que mierda!, no les huele a nada la boca.
¡No se les entiende un coño!
Ya se fue Virgilio Piñera, iba dando saltitos de loca feliz.
Poeta ojeroso y sandunguero.
Pronto vendrá otra temporada de abuelitos canadienses de piernas blanquísimas
Pero él ya se fue con sus guayaberas de pezones duros
El verso transpirado de caricias del trópico, con la saliva dulce de la fruta
Y el semen como una lágrima
[Como el ojo de un pez].
Semen de la lluvia contra los tejados, de un cuerpo molido a suspiros
De las buenas costumbres de los amantes.
Pobre Dios. 
Qué solo se va a quedar, sin nadie que le cuente historias:
Como cuando Virgilio se tiraba en su hamaca y su negro le peinaba lar-ga-men-te
La frente anchísima, y le metía vainas raras en la boca
Virgilio decía, circunspecto:
Coño, hoy las estrellas se me figuran otra cosa.
Pobre Dios.
Ha de pensar, ¡vuelve Virgilio Piñera!
Vamos a pasear por la arena, sobre balseritos desmayados.
Cuéntame tú, Virgilio, mi niño
Que no inventaste nada, y eres así, libre.
 ***

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