Ya se
fue para el infierno, Virgilio Piñera.
Se
fue quejándose de la luz
Del
empapelado de las habitaciones y de los mozos de los hoteles.
Iba echando
pestes de los tritones, en este mar de Miami:
¡Qué
inglés ni que mierda!, no les huele a nada la boca.
¡No
se les entiende un coño!
Ya se
fue Virgilio Piñera, iba dando saltitos de loca feliz.
Poeta
ojeroso y sandunguero.
Pronto
vendrá otra temporada de abuelitos canadienses de piernas blanquísimas
Pero
él ya se fue con sus guayaberas de pezones duros
El
verso transpirado de caricias del trópico, con la saliva dulce de la fruta
Y el
semen como una lágrima
[Como
el ojo de un pez].
Semen
de la lluvia contra los tejados, de un cuerpo molido a suspiros
De
las buenas costumbres de los amantes.
Pobre
Dios.
Qué
solo se va a quedar, sin nadie que le cuente historias:
Como
cuando Virgilio se tiraba en su hamaca y su negro le peinaba lar-ga-men-te
La
frente anchísima, y le metía vainas raras en la boca
Virgilio
decía, circunspecto:
Coño,
hoy las estrellas se me figuran otra cosa.
Pobre
Dios.
Ha de
pensar, ¡vuelve Virgilio Piñera!
Vamos
a pasear por la arena, sobre balseritos desmayados.
Cuéntame
tú, Virgilio, mi niño
Que
no inventaste nada, y eres así, libre.
***

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