Yo
soy el hombre más alto de la tierra:
Mi
nombre lo he olvidado hace tiempo, o quizás nunca tuve uno.
En el
40 empecé a vagar con una banda de jazzistas
Mientras
hacia algunos trabajos para la mafia
Y
alimentaba a las palomas en un parque cercano.
No sé
el nombre de la mayoría de las flores, mucho menos el de los pájaros
[Supuse
que si a ellos no les molestaba saber el mío
Yo no
debía volverme pesado con este asunto].
Como
dije, he vagado la mitad de mi vida.
Si
bien, mi deseo inicial era pertenecer a la fuerza naval
Me
dijeron que por mi altura sería confundido fácilmente con un faro
Lo
que generaría un montón de papeleo y un riesgo para toda la compañía:
Por
no mencionar a nuestras queridas instituciones.
Así
que he viajado todo este tiempo, mayormente a pie
Pues
es un trabajo dispendioso doblar mi cuerpo para hacerlo entrar en el asiento
Además,
es una barbaridad
Cómo
han subido los pasajes de autobús, como los de tren, y ni hablar de los
aviones.
Ir a
pie me ha permitido en cambio echar un vistazo al paisaje:
Puedo
detenerme sin prisa en una mancha de aceite
O en
la forma tan particular en que los peluqueros barren los montoncitos
De
cabello de su piso ajedrezado.
Me
resulta divertido el sol como leche de coco, todos los colores brillantes de
las frutas
Redondas
como planetas, los gritos de los negros al llamarse entre ellos
Sus
pulmones rosados y blancos de los que escupen monedas y espinas de pescado
[A veces
me regalan un pañuelo o un racimo de bananos].
Los
niños me confunden con un cocotero y se me trepan sin más:
¿Y los
cocos?, me preguntan curiosos
No
tengo cocos, porque no soy un cocotero
Soy
el hombre más alto de la tierra, respondo yo, pero ellos mueven los ojos de
luna
Y se
bajan protestando: cocotero chimbo.
A mí
no me molesta esto
Incluso
hay viejitos que se tumban a mis pies a dormir la siesta.
A
veces incluso suspiran sueños
Que
yo escucho sin hacer ruido.
***

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