miércoles, 1 de octubre de 2014

El hombre más alto de la tierra



Yo soy el hombre más alto de la tierra:
Mi nombre lo he olvidado hace tiempo, o quizás nunca tuve uno.
En el 40 empecé a vagar con una banda de jazzistas
Mientras hacia algunos trabajos para la mafia
Y alimentaba a las palomas en un parque cercano.   
No sé el nombre de la mayoría de las flores, mucho menos el de los pájaros
[Supuse que si a ellos no les molestaba saber el mío
Yo no debía volverme pesado con este asunto].
Como dije, he vagado la mitad de mi vida.
Si bien, mi deseo inicial era pertenecer a la fuerza naval
Me dijeron que por mi altura sería confundido fácilmente con un faro
Lo que generaría un montón de papeleo y un riesgo para toda la compañía:
Por no mencionar a nuestras queridas instituciones.
Así que he viajado todo este tiempo, mayormente a pie
Pues es un trabajo dispendioso doblar mi cuerpo para hacerlo entrar en el asiento
Además, es una barbaridad
Cómo han subido los pasajes de autobús, como los de tren, y ni hablar de los aviones.
Ir a pie me ha permitido en cambio echar un vistazo al paisaje: 
Puedo detenerme sin prisa en una mancha de aceite
O en la forma tan particular en que los peluqueros barren los montoncitos
De cabello de su piso ajedrezado.
Me resulta divertido el sol como leche de coco, todos los colores brillantes de las frutas
Redondas como planetas, los gritos de los negros al llamarse entre ellos
Sus pulmones rosados y blancos de los que escupen monedas y espinas de pescado
[A veces me regalan un pañuelo o un racimo de bananos].
Los niños me confunden con un cocotero y se me trepan sin más:
¿Y los cocos?, me preguntan curiosos
No tengo cocos, porque no soy un cocotero
Soy el hombre más alto de la tierra, respondo yo, pero ellos mueven los ojos de luna
Y se bajan protestando: cocotero chimbo.
A mí no me molesta esto
Incluso hay viejitos que se tumban a mis pies a dormir la siesta.
A veces incluso suspiran sueños
Que yo escucho sin hacer ruido. 
***

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