jueves, 5 de septiembre de 2013

Pequeña caja de inmersión (3)



Últimos días de Robert J. O’Hara
49 años y un nido de palomas en el cuero capilar, acumulo en esta esquina del mundo.
Esperando a una flaca de tetas pequeñas para arrojar al mar todas las puertas.
Porque ya no espío las cerraduras,
Y me he dado cuenta de ciertas habitaciones sin ventanas,
Donde sólo pude ver espaldas en colores marchitos.  
Muchas veces te dije: “hasta pronto”, cuando ya empezaba a enviudecer del tacto.
Mujeriego de reflejos, y musas platónicas. 49 y anatomía del silencio.
Nicotina de torpe fantasma. Economía del sudor.
49 vueltas de satélite alrededor de nada y “bara-ban-ban-ban”.
Por esta esquina sola ha cruzado la nieve en tacones. Los Renault y un traje rentado.
El shampoo de durazno de cualquier fulana sin mi boca enredada en su histeria.
49 y un “cerrado por derribo” colgado de la caricia.
Paladar de otoño en el verso que no desnuda.
Es que en las fotos mi encéfalo siempre da la espalda, y mis costillas sonríen a lo ancho.
¿Por qué sonreirán? Realmente no lo sé.
Será que soy un delicado pájaro bipolar.
Hoy veo los árboles del parque escritos con mala ortografía, demasiado bellos.
Devorando parejas y niños. Su paladar de hojas vuelto al viento tornasol de octubre.
El color metálico de los columpios bajo el cielo plomizo.
Veo pesadillas de amores eternos y cines a oscuras.
Veo necesaria la revolución comunista, si garantiza las golondrinas,
Las flores, y una mujer que me arañe y me pida hablarle obscenidades en la alcoba.
49 y es tan sólo otro número, una linda mentira, ¡un invento, por Dios!
No el ancho de esta espera en la que cabe todo, absolutamente todo y el mar.
Los pasos que ya nadie busca. La tos del viejo.
Bara-ban-ban-ban”. 
49 años de verte no aparecer/ ni tú/ ni yo/ ni nosotros/ ni tus tetas.
49 y conjurando más que conjugando, porque, si llegaras al fin: ¿qué haré de mi vida?
¿Dónde he de poner esta miopía de ventanas? Y, ¿mi mala salud?
¿Tendré que pagar exilio a todas las mujeres de mis espejos? 49 y páncreas.
Caries y un: “quédate hoy, que tengo miedo” a cualquier desconocida.
49 y la lluvia cada martes a jugar parqués con el distraído ir y venir de la gente…
Bara-ban-ban-ban”.  
Las páginas mojadas de este gran teatro.
49 años en esta esquina sola del mundo, y “bara-ban-ban-ban”.

del libro: "Últimos días de Robert J. O´Hara"

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