DE
12:00 A 3:00 los atiende una mujer calva, de alas quemadas y tacón pintado,
ella los espera, a esos pobres que se arriesgan al sol, pasadas las nucas de
agua colonia, con la cara pintada de archivador, de primavera en suspenso, ella
los atiende, primero en una salita de sofá verde, dispensa una sonrisa, leen
revistas, cuentan botones, fantasean la vida de un operario de trenes, luego en
una habitación, en una silla, siéntese ahí, bien, ahora dígame, no me diga más,
tiene usted el costillar dado vuelta, le arrumba un beso en el esternón, no me
pregunte cómo, no funciona el ventilador, señor, su pie derecho sufre de
amnesia, su pulgar padece de claustrofobia: las manos de la mujer socavan los
cuarenta con jabón de coco, extraen remedios del aire, conserve la ropa, no
hace falta, mientras afuera los hornos escupen ladrillos, y las mujeres dan a
luz a bombillas de 60 watts, típico, hay que masajearle el hemisferio derecho,
enseñarle algo de geometría a sus rodillas, tómese este té, respire hondo, ahí
está, lo que suponía, lleva usted entre la panza a una mujer que no sabe lo que
quiere, tiene atorada una hilacha de media en la determinación, no hay día que
arranque, confunde usted el aire con una traición, no llore que no es de
machos: soba tendones con terapia de hielo y suspiros de caléndula, dos
cucharaditas de propóleo para la tos y el nombre de la fulana: masajea pestañas
y limpia el exceso de paja en la retina, fuma, piensa, canta: ¡aquí falta una
costilla!, pone un pedacito de plastilina, use esta prótesis una semana y venga
a verme.

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